José Gras y Granollers    JOSE GRAS Y GRANOLLERS es el perfil de hombre profundamente humano y abierto plenamente a lo divino.

  Muchos le conocemos bien, aunque nunca le vimos, porque innumerables veces nos hemos asomado a la profundidad de sus palabras, que es como zambullirse en la hondura de su corazón.

  Pero, ¿quién fue realmente José Gras y Granollers...? SU VIDA FUE MUY SENCILLA, COMO SON SENCILLAS LAS OBRAS DE DIOS. Nació en Agramunt, Lérida, un 22 de Enero de 1834 en una familia de agricultores pobres. Poco sabemos de su infancia, pues a él no le gustaba hablar de sí mismo; parece que fue un niño formal y piadoso, más amante del estudio que del juego.

  Su vida fue un lema: CRISTO REINA

  Todo el amor a Cristo que ardía en su corazón, todas sus ansias de hacerle Rey de todos los corazones, hacen que la vida de José Gras se concentre en dos palabras que fueron para él lema, síntesis de vida, manifestación de su pensamiento y expresión de sus sueños:

 
   CRISTO REINA pronuncian nuestros labios; CRISTO REINA escriben nuestras plumas; CRISTO REINA han de hacer resonar en todas partes nuestras obras.


CRISTO REINA es la proclamación de la verdad, luz y vida... honor y gloria de todos los corazones.

CRISTO REINA ahora, en este momento de la vida de cada uno, como reinó ayer y reinará mañana.

CRISTO REINA expresa una verdad inmensa y eterna porque Cristo es Rey más allá de la creación y de los siglos.

CRISTO REINA es el grito de luz, el grito de honor y el grito de salvación de todos los hombres y de todos los pueblos del mundo, porque sólo Cristo es el sol de la vida, de la salud y de la resurrección social.

 "Si estampamos el lema CRISTO REINA con letras de fuego en nuestro corazón, si logramos hacerlo adoptar en todas las familias... a CRISTO REY aclamarán los pueblos, las ciudades, las naciones y los imperios".

Y junto a él apareción una mujer en un momento importante: Madre Inés de Jesús

Madre Inés de Jesús La Sierva de Dios, M. Inés de Jesús (Isabel Gómez Rodríguez), primera Superiora General del Instituto de Hijas de Cristo Rey, nació en Albuñol (Granada), el 14 de marzo de 1847. Dotada por Dios de una inteligencia clara y de una voluntad fuerte y decidida, desde pequeña manifestó gran interés por el estudio, pero la pobreza de su familia la obligó pronto a trabajar. A pesar de ello, consiguió realizar los estudios de Magisterio, alternando con el trabajo, alcanzando por oposición una Escuela estatal.

En 1868, cuando tenía 21 años, a raíz de una Misión popular, después de una confesión general, se propone vivir sólo para Dios. Cinco años más tarde (1873) hace voto de virginidad y, ya maestra, se entrega con afán apostólico a la enseñanza.
En 1874 decide hacerse religiosa e ingresa en las Hermanitas de los Pobres, pero la obligan a salir, ante la insistencia de las gentes del pueblo del que era maestra, que desean vuelva a su escuela.

Tras muchas dificultades e intentos, finalmente, en 1877, la ponen en contacto con el Venerable D. José Gras y Granollers, que un año antes, en 1876, había fundado el Instituto religioso de Hijas de Cristo Rey. El 18 de abril de 1877 ingresa en este Instituto y, dada su personalidad humana y espiritual, pronto es nombrada por el Fundador superiora de la Comunidad y, más adelante, Superiora General, cargo en el que permanece hasta la celebración del primer Capítulo General, en 1899. Elegida de nuevo Superiora General en 1905, lo será hasta su muerte, el 2 de mayo de 1930, doce años después del Fundador, cooperando en todo tiempo activamente en el desarrollo y extensión del Instituto.

Su larga vida (más de 83 años) fue un continuo caminar hacia Dios, un deseo constante de amar a Cristo, un esfuerzo incansable por conquistarle almas y llevar a todos hacia El.

Gobernó durante más de cincuenta años el Instituto de Hijas de Cristo Rey que. A su muerte, se encontraba establecido en doce diócesis de España y contaba con diecinueve casas, ocho de ellas fundadas después de la muerte del Venerable D. José Gras. Las Hijas de Cristo Rey practicaban el apostolado en colegios, orfanatos, escuelas dominicales, etc., poniendo así en práctica el legado del Fundador de hacer reinar a Cristo en la familia y la sociedad, a través de la enseñanza.